Niki Lauda, leyenda viva de la Fórmula 1

Niki Lauda es conocido a día de hoy como uno de las personalidades más polémicas que rodean la Fórmula 1. Con su inseparable gorra roja, patrocinada por supuesto, Lauda tiene opinión para todo.  Desde su retirada de la competición a finales de  1985 no ha dejado de ir a los circuitos, teniendo diferentes funciones en varios ámbitos. Este año lo veremos enrolado en Mercedes.

Inicios

Andreas Nikolaus Lauda quiso desde muy pequeño dedicarse al automovilismo a pesar de que su familia fuese contrario a ello. Tuvo que pagar para correr y tuvo que buscarse él el dinero haciendo competencia a su padre, consiguiendo préstamos de otros bancos, a veces incluso poniendo sobre la mesa su seguro de vida en una época en la que no era nada raro sufrir un accidente mortal.

Lauda dio sus primeros pasos en  una subida a montaña en un Mini Cooper para después pasar a la Fórmula Vee y a la Fórmula 3. Sus resultados no fueron demasiado postivos, pero pudo llegar un acuerdo con March para participar en 1971 en Fórmula 2 y Fórmula 1, teniendo un debut en la categoría reina un tanto descafeinado en Austria, ya que abandonó. En 1972 continuó su andadura en March y en 1973 se torcieron las cosas debido a los no tan buenos resultados conseguidos por Lauda. Un nuevo contrato con otro banco abrió las puertas a la marcha al equipo BRM, que estaba en decadencia. Fue rápido, incluso acabó el año en la clasificación final a la par de su compañero de equipo, Clay Regazzoni.

De la mano de Regazzoni

Enzo Ferrari se llevó a Regazoni a su equipo y, basándose en sus referencias, decidió completar la alineación de la Scuderia con Lauda. Tuvo un buen debut en 1974: subió al podio con la segunda posición en Argentina, superando ya a su compañero de equipo. Acabó el año cuarto, después de conseguir dos victorias, una en España y otra en Holanda. Los problemas de fiabilidad del Ferrari y la falta de experiencia de Lauda hicieron que no pudieran llegar a luchar por el Mundial. 1975 fue otra historia y Niki consiguió su primer título después de hacerse con cinco victorias y ocho podios.

1976 fue la temporada que marcó la vida de Niki Lauda. Era el favorito, podía revalidar su título y camino a ello iba, cuando la suerte le jugó una mala pasada el 1 de agosto, en el circuito alemán de Nurburgring, en la curva de Berwerk, cuando el austriaco perdió el control del monoplaza y se estrelló contra el muro. El Ferrari se incendió y la ayuda de Harald Ertl, Guy Edwards y Arturo Merzario fue crucial para que sobreviviera contrapronóstico, ya que el piloto llegó a recibir incluso la extremaunción en la pista.  Niki Lauda perdió parte de una oreja, las cejas,  los párpados…  A pesar de ello se recuperó lo suficiente en un mes y medio  y reapareció en Italia, perdiéndose solo dos grandes premios. James Hunt le había tomado la ventaja en el campeonato y todo se decidiría en Japón, bajo una lluvia torrencial. El austriaco decidió abandonar por las peligrosas condiciones cuando estaba en posiciones de proclamarse campeón, luego Hunt pinchó pero remontó, quedándose con el título.

Cansado de conducir en círculos

Tras el abandono en el GP de Japón de 1977 se deterioró la relación de Lauda con Ferrari y anunció anticipadamente su salida del equipo italiano. Tan anticipada fue que lo dejó dos carreras antes del fin del Mundial que ya tenía en el bolsillo, sustituido por el joven Gilles Villeneuve.

De Ferrari, Lauda pasó a pilotar un Brabham del equipo Parlamat. Allí estuvo dos años, en los que consiguió resultados relativamente buenos en la primera temporada (2 victorias). Decidió dejar el equipo y la competición tras un desastroso 1979 en el que acabó decimocuarto en el campeonato. Lauda incluso llegó a decirle a Ecclestone que se había cansado de conducir en círculos. Se fue a su casa, sin despedirse de nadie, a vivir con su mujer  Marlene y con sus, ese entonces, dos hijos.

Además de piloto, Lauda también era un hombre de negocios. Fundó una compañía aérea llamada Lauda Air.

“Lauda es peor que Judas…”

Se fue por la puerta de atrás y volvió por la más grande. Se llegó a decir que por falta de dinero y también que echaba de menos los circuitos. Por una cosa o por otra, Lauda volvió, nada más y nada menos que a McLaren, eterno rival de Ferrari, incluso Enzo Ferrari dijo aquello de “Lauda es peor que Judas, se vendió a la competencia por dinero”. El austríaco convenció a Marlboro y en la tercera carrera ya venció. Otra victoria más y un 1983 prácticamente en blanco dieron paso a 1984, cuando Lauda se llevó su tercer Título Mundial de Fórmula 1, ya con Prost en el equipo, aventajándole en tan solo medio punto.

Lauda se retiró definitivamente en 1985, cuando pasó una desastrosa temporada en la que abandonó en 11 de las 14 carreras. Consiguió tan solo una victoria. Su puesto, junto a Prost, lo ocupó Keke Rosberg.

Fuera de la pista, pero no lejos de ella

A pesar de no ser piloto, Lauda nunca se alejó de los circuitos de F1. El austriaco fue nombrado asesor de Ferrari en 1995, con el objetivo de rejuvenecer el equipo. Recomendó fichar a Schumacher, que trajo consigo a sus hombres de confianza de Benetton y comenzó una nueva era en Ferrari. A su vez, el expiloto austriaco continuaba con sus negocios en las compañías aéreas. Después de vender la mayoría de las acciones de Lauda Air a Austrian Airlaines, Niki dirigió el equipo Jaguar durante 2001 y 2002, años en los que tuvo, precisamente, a Pedro de la Rosa entre sus filas como piloto titular. En 2003 creó Niki, otra compañía aérea.

Uno de sus cinco hijos, Mathias, es también piloto de carreras, que incluso ha llegado a correr la GP2, el Mundial de GT o el DTM sin demasiado éxito.

Para 2013, Niki Lauda tendrá una nueva función en el renovado equipo Mercedes: jefe no ejecutivo.  Sin duda le seguiremos viendo por los circuitos con su inseparable gorra roja patrocinada.

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