Nico Rosberg vuelve a ganar en Bélgica

Nico Rosberg volvió a ganar. No lo hacía desde el Gran Premio de Europa en Bakú,donde era líder del Mundial y todo parecía sonreírle. En una carrera que rozó la locura, el piloto alemán de Mercedes subió por sexta vez esta temporada a lo más alto del podio y por 20ª ocasión en su carrera en la F-1. Sin embargo, su satisfacción no fue completa en el circuito de Spa Francorchamps, porque su compañero de equipo, Lewis Hamilton, remontó desde la última posición de la parrilla hasta la tercera, solo por detrás de Daniil Ricciardo, segundo. Rosberg se acerca a Hamilton en la clasificación del Mundial y se sitúa a nueve puntos, pero las expectativas eran muchísimo más altas.

El alemán vio como Hamilton se imponía cuatro veces consecutivas y como su ventaja de más de 40 puntos quedaba eliminada y el británico se encaramaba a lo más alto de la clasificación. En Bélgica, Rosberg se entusiasmó cuando comprobó que su compañero cambiaba dos veces su motor –ahora tendrá uno en la reserva- y partía en última posición en la parrilla. Salió como un poseso, mantuvo la primera posición de la carrera y ya no la cedió hasta que apareció la bandera a cuadros. Pero tras él las cosas no se desarrollaron tal como él esperaba. Al contrario, los daños fueron mínimos para Hamilton. La batalla por el título sigue absolutamente abierta.

La carrera resultó caótica desde el principio. En la salida, Rosberg se fue en cabeza, pero Verstappen arrancó mal y fue superado por los dos Ferrari. Sin embargo, en la primera curva, el holandés atacó por el interior y tocó a Raikkonen que, a su vez, se vio arrastrado hacia el coche de Vettel, que le atacaba por la izquierda. El resultado fue que Verstappen salió con el morro afectado, al igual que Raikkonen, mientras que Vettel hizo un trompo y quedó relegado. En la primera vuelta, el finlandés entró en el taller y el equipo tuvo problemas para sacar el morro y cambiárselo. Verstappen también pasó por el taller para cambiar el frontal de su coche.

Paralelamente, Carlos Sainz sufrió un pinchazo en la rueda trasera izquierda que acabó obligándole a abandonar. Button y Wehrlein, que se habían tocado, tuvieron también que abandonar. Y cuando todo parecía ya normalizado, el danés Kevin Magnussen perdió el control de su Renault y lo estrelló contra la valla protectora en Radillon. Transcurría la quinta vuelta y apareció el coche de seguridad. Muchos pilotos optaron por entrar a cambiar neumáticos, pero eso no lo hicieron ni Rosberg, líder, ni Ricciardo, ni Fernando Alonso, ni Lewis Hamilton. Y eso les permitió ascender hasta la segunda, cuarta y quinta posiciones respectivamente.

Su estrategia resultó un gran acierto, puesto que en la novena vuelta la dirección de carrera decidió enarbolar la bandera roja. La carrera se paró, los coches entraron en el pit lane en línea con las mismas posiciones y pudieron aprovechar aquel instante para cambiar neumáticos y reparar posibles desperfectos. Así que, de golpe, Alonso se encontró en cuarta posición y Hamilton en quinta, con todas las condiciones. Fue un golpe de teatro espectacular, porque les dio todas las opciones no solo de puntuar sino incluso de subirse al podio o de ganar. Un problema inesperado para el líder, Nico Rosberg.

La reanudación concedió las imágines que todo el mundo esperaba: un ataque fulgurante de Hamilton, una lucha de Alonso por mantenerse en los puntos y una batalla impresionante entre Raikkonen y Verstappen, con el holandés defendiéndose de la presión del finlandés para mantenerse… 14º. El británico de Mercedes superó a Fernando en la 11ª vuelta y a Hulkenberg en la 17ª. Y habiendo partido de la última posición, se encontró de golpe en la tercera y con posibilidades de disputarle la victoria a su compañero de equipo, a pesar de que estaba a 12 segundos y rodaba algo más lento por el desgaste de su neumático blando. Entró en el taller en la 21ª vuelta y colocó blandos de nuevo. Rosberg se mantuvo con sus medios a un ritmo de un segundo más rápido que sus perseguidores.

La estrategia para Rosberg era marcar a Ricciardo y controlar a Hamilton. Se trataba básicamente de ganar la carrera y reducir distancias en el Mundial, a pesar de que había perdido la mayoría de sus aliados (Verstappen, Raikkonen, Vettel, todos ellos ya por detrás del británico). Su victoria era ya incuestionable y lo que iba a dirimirse era si Hamilton podría finalmente alcanzar a Ricciardo o acabaría en el tercer eslabón del podio. No lo logró, pero redujo al máximo el descalabro: de salir último acabó en el podio. De ceder 25 puntos, le concedió solo 10 a Rosberg.

En cambio, Alonso iba hacia atrás, cediendo posiciones a coches mejores que el suyo con los que no podía competir. Su guerra seguía siendo entrar en los puntos. Y tras una carrera brillante, defendió sus opciones con uñas y dientes. Pero vio como le iban adelantando Pérez y Vettel, retrasándole hasta una séptima posición que tuvo que defender frente a Massa y a Bottas. Fue su mejor resultado desde el quinto puesto de Montecarlo. “La carrera ha ido muy bien. Hemos evitado los incidentes y la bandera roja nos ha ayudado”, señaló Alonso, que remontó desde la última posición hasta el séptimo puesto. “A pesar de los problemas que tuvimos en los libres y en la clasificación, estoy contento del fin de semana. Estamos en una línea ascendente en prestaciones y mi séptimo puesto ha sido una bonita sorpresa”.

La satisfacción de Alonso contrastó esta vez con la decepción de Carlos Sainz. “Una carrera muy corta, lo que fue una pena porque hicimos una gran salida. Me coloqué séptimo, pero un pinchazo acabó con todo. Siento mucha rabia. Después de una salida tan caótica, lo más inteligente hubiera sido sacar el coche de seguridad virtual”, señaló Sainz. “Llevaba pinchado el neumático desde la curva uno y pude llegar a Eau Rouge, pero no al taller. Lo siento de verdad porque hubiera podido hacer un buen resultado”.

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